Chile: Tras el éxito de la huelga general de 48 horas, continuar y ampliar la lucha hasta ganar

Autor: 
Jorge Rossel (Delegado al Congreso del Partido Socialista Chileno)

Como decía Engels la naturaleza aborrece el vacío. Y aunque muchos en el seno de la izquierda chilena e internacional tras la victoria de Sebastián Piñera hacían el análisis de que había un giro a la derecha en la sociedad chilena, que el poder mediático de la burguesía mantenía desmovilizadas a las masas y pasarían años antes de que esta situación pudiese cambiar, desde las paginas de El Militante siempre hemos defendido que en Chile existía un enorme malestar acumulado que sólo necesitaba una chispa para expresarse. La lucha de los estudiantes ha actuado como esa chispa.

Los dirigentes reformistas del Partido Socialista y del Partido Comunista no se esperaban esta movilización de masas. En sus análisis esto estaba prácticamente descartado. Pero lo que hemos visto es que la acumulación de malestar entre las masas a lo largo de todos estos años se expresó a través del canal que ha abierto la lucha estudiantil. No obstante, ese malestar social va mucho más allá de los centros de estudio y de las reivindicaciones estudiantiles. Como hemos explicado en artículos anteriores, el número de huelgas y conflictos laborales en Chile se estaba incrementado. En los últimos años hemos asistido a varias luchas estudiantiles, a luchas muy radicalizadas como la huelga de los mineros del cobre y  duros conflictos otros sectores e incluso a algún estallido social localizado.

De la reivindicación de una educación digna y gratuita a la lucha contra el capitalismo.

Específicamente, el estallido de la lucha estudiantil tiene que ver en primer lugar con un modelo profundamente opresor de la juventud que se ha puesto en marcha en Chile en las últimas décadas. Este  modelo –que intenta ensayarse con distintas velocidades y grados de extensión en todo el mundo- ha tenido en Chile uno de sus bancos de prueba más claros.

En este momento histórico del capitalismo el recorte en los gastos sociales, la privatización de los servicios públicos (educación, salud, etc.), el sometimiento de la enseñanza superior (e incluso secundaria) a los dictados del mercado y el control de las empresas o el intento de utilizar a los jóvenes estudiantes y licenciados como mano de obra en condiciones precarias para incrementar la extracción de plusvalía y forzar a la baja el salario del conjunto de la clase obrera son elementos centrales del sistema en prácticamente todos los países. 

En Chile, el estudiante anteriormente (en la época de Allende) tenía la educación gratuita. Incluso bajo la dictadura de Pinochet la burguesía no se atrevió a cambiar esto hasta casi hasta el final de la misma cuando plantearon un primer proyecto de cómo transformar la educación en un negocio. Pero fueron los gobiernos de la Concertación (alianza entre el Partido Socialista, la derechista Democracia Cristiana y algunos otros partidos burgueses y pequeño-burgueses minoritarios)  los que profundizaron el capitalismo en la educación. Los Gobiernos encabezados por los socialdemócratas Lagos o Bachelet  aceptaron y promovieron un modelo que considera la educación como una mercancía más.

El costo de cinco años de carrera en la Universidad para un estudiante chileno es aproximadamente de 80.000 dólares. Como la gran mayoría de estudiantes no los tiene el estado financiaba la educación y el estudiante quedaba una vez graduado adeudándole al estado el pago de su educación. Incluso en las universidades públicas, a pesar de ese carácter público, también se paga, y en ocasiones más incluso que en algunas privadas. El gobierno de Bachelet acometió un cambio radical al modificar este sistema de financiamiento en un sentido aún más capitalista: eliminó los préstamos por parte del estado –que tenían un interés bajo- y se los transfirió a la banca privada, la cual como en todo lo demás los utiliza para especular. Esto no lo hizo Pinochet sino Bachelet. Como resultado de estos cambios, el estudiante no sólo sale debiendo 100.000 dólares de préstamos sino que además va a tener que pagar eso varias veces y llenar los bolsillos de los banqueros.

Eso, y otras muchas cosas (la situación de las escuelas y liceos, la falta de perspectivas de futuro de los jóvenes, etc.) han sido el detonante de la lucha estudiantil. Y ésta a su vez ha contagiado a toda la sociedad y servido como cauce para que ese malestar acumulado del que hablábamos se exprese masivamente.

La lucha estudiantil actuó como canal que expresaba todo el malestar social acumulado.

Esta movilización estudiantil empezó con reivindicaciones educativas básicas pero pronto empezó a adquirir tintes más radicales y a expresar los anhelos y reivindicaciones tanto de la inmensa mayoría de los jóvenes chilenos, hijos de trabajadores, como de la propia clase obrera y otros sectores oprimidos. De la demanda de soluciones a los problemas concretos de los centros educativos se pasó al cuestionamiento del modelo educativo anteriormente señalado con el “No hay lucro”; y de ahí a demandas políticas como una Asamblea Constituyente o la propuesta que ha tenido más eco y se ha contagiado rápidamente a toda la sociedad: ¡Huelga general!

Indudablemente los cambios políticos en todo el continente, el ejemplo de procesos revolucionarios y movimientos de marcha en otros países latinoamericanos, ha sido un elemento inspirador para la juventud chilena. Esto, combinado con los efectos de la crisis mundial del sistema, ha radicalizado a centenares de miles de jóvenes hacia la izquierda y les ha ganado además las simpatías de la mayoría de ciudadanos, que sufren esa misma crisis del sistema.

Las movilizaciones han sido tan masivas que su antecedente más próximo serían las movilizaciones de masas de los últimos años de la dictadura que derribaron a Pinochet. Ante esta situación, y reflejando la simpatía que la lucha estudiantil despertaba entre los trabajadores y la presión que ejercían las bases, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) decidió convocar por fin huelga general. Por primera vez en 30 años se hacía una huelga general de 48 horas; una huelga que además ha sido un éxito y ha elevado el movimiento a un nivel aún superior.

Desde la caída de Pinochet ha habido sólo dos huelgas generales en el país de 24 horas en cada caso, nunca una de 48 horas. Esta huelga ha sido una fiel expresión del profundo malestar existente en la sociedad chilena. La huelga general confluyó con las movilizaciones estudiantiles y esto ha significado un cambio total en el ambiente político y social del país. El país entero se paralizó mostrando el enorme poder de la clase obrera y los oprimidos. Durante los últimos años, desde sectores de la izquierda se argumentaba que la clase obrera ya no podía agrupar a todos los explotados ni paralizar el país. Como justificación se planteaba la pérdida de afiliación de la CUT, la extensión de la temporalidad y la tercerización, etc. Todas estas ideas también han sido contestadas por la huelga general, que supone un punto de inflexión, un antes y un después para la movilización y conciencia de las masas.

Los estudiantes ya no están solos. Estos,  junto a la clase obrera, han experimentado su fuerza en la práctica. Hubo casi una insurrección en distintas ciudades. La policía no podía controlar las marchas ni impedir la huelga.Lamentablemente, las direcciones de las organizaciones obreras de masas tradicionales (particularmente el PCCh y PSCH) carecen de confianza en la fuerza de los trabajadores y de un programa anticapitalista que tienda a desarrollar y extender la lucha y darle un contenido político revolucionario.

La voluntad de lucha de las masas y la ausencia de una política revolucionaria de los dirigentes del PS y el PC.

Estos dirigentes expresaron ideas y líneas cuyo objetivo más que extender, generalizar y continuar la lucha mediante un plan de acción que tenga por objetivo conseguir todas las reivindicaciones sociales era el de limitar la movilización a reivindicaciones puramente educativas. El Presidente del PS de Chile planteó un plebiscito respecto a la educación. Con esa propuesta se desplaza la lucha del terreno de la acción de masas y del cuestionamiento general a las políticas del gobierno derechista de Piñera al terreno del electoralismo burgués. Con ello se busca limitar y frenar la lucha en marcha. De tener éxito esa propuesta, sólo serviría para desgastar a las masas y permitir al gobierno y la burguesía ganar tiempo.

Por su parte, el Presidente del PC expresó que su partido estaba haciendo todo lo posible para que las reivindicaciones no fueran más allá del ámbito estudiantil. Esto representa el mismo error.

La masividad de la movilización social que ha vivido Chile durante estas últimas semanas muestra la profundidad de la lucha de clases en el país y la necesidad de una orientación completamente diferente: clasista, socialista, revolucionaria. En Chile a pesar del tiempo transcurrido y de los esfuerzos de la burguesía (y , desgraciadamente, también de muchos dirigentes socialdemócratas y reformistas) por borrar la memoria de lo ocurrido durante la revolución que vivió el país en los años 70, la brutal represión bajo la dictadura, etc. la lucha que dio la clase obrera chilena por barrer al capitalismo e instalar una sociedad socialista sigue viva en la memoria de millones de jóvenes y trabajadores. De muchos que lo vivieron y muchos que no lo vivieron. La gran falencia, el factor principal que hace que el anhelo de cambio social profundo que existe entre las masas chilenas no haya encontrado una expresión a lo largo de estos años es la ausencia de dirección política.

¡Por un frente único de las organizaciones estudiantiles, el PS, el PC y la CUT con un programa auténticamente socialista para derribar a Piñera y luchar por el socialismo!

Esta fuerza de masas, incluso dispersa y sin un programa de acción, ha tenido la capacidad de superar y desbordar la potencia de represión del estado (los carabineros, la policía, que han intentado reprimir las movilizaciones) y de forzar la unidad de acción del movimiento obrero, el movimiento estudiantil y el resto del movimiento de masas.

Para que este poderoso movimiento no se desgaste y disperse sino que aumenta aún más su poder de movilización es fundamental que el PS y el PC junto a la CUT y las organizaciones estudiantiles continúen la lucha y presenten un programa que recoja las reivindicaciones concretas de todos los sectores, las unifique y las enmarque en la lucha por el socialismo y poder sacar del poder al gobierno burgués de Piñera. Los partidos socialista y comunista cuentan con el apoyo de la inmensa mayoría de los trabajadores y jóvenes chilenos y nuclean a la mayoría de los dirigentes obreros, estudiantiles  y sociales que han organizado la huelga general.

Aunque la mayoría de los órganos nacionales de dirección de estos partidos están controlados en este momento por dirigentes que dejaron de creer hace tiempo en el socialismo y que defienden las políticas de administrar o regular el capitalismo, pactar con sectores de la burguesía, etc.  la gran mayoría de los militantes y activistas de estos partidos son luchadores que están en primera línea de esta movilización y lo que quieren es una transformación social radical, acabar con las políticas  capitalistas y no volver a repetir errores como las alianzas con partidos de la burguesía que llevaron a hacer políticas contrarias a las necesidades de nuestra base social, la clase obrera y la juventud, como ocurrió bajo los gobiernos de Lagos o Bachelet.

¡Por la construcción de corrientes marxistas revolucionarias en el PSCh y el PCCh!

En ese sentido, el reciente Congreso del PSCh resulta muy interesante porque actuó como una especie de termómetro del sentir de las bases socialistas y en general de la izquierda. ¿En qué sentido? En el de que como explicábamos en un artículo anterior escrito antes de dicho Congreso los reformistas hasta ahora se beneficiaban de su participación en el gobierno y control de diversas instituciones del estado para controlar los congresos del partido mediante la utilización de funcionarios que con los recursos del estado eran empleados para controlar burocráticamente congresos y acallar el debate interno. Al verse golpeada la capacidad clientelar de ganar cargos la capacidad de controlar delegados por parte de la derecha del partido también se ha visto seriamente mermada.

En este Congreso pudimos entrar muchos delegados de izquierdas; dirigentes sociales, sindicales, juveniles,…A pesar de que estos delegados representábamos la mayoría no pudimos sin embargo derrotar las posiciones reformistas y de derecha como consecuencia de que para ese momento no estabamos organizados y coordinados entorno a un programa de propuestas concretas, métodos y una estrategia común que permitiesen luchar eficazmente por una auténtica política socialista para el partido. Precisamente a raíz del congreso muchos compañeros que participamos defendiendo posiciones de izquierda y en especial muchos que nos consideramos marxistas nos hemos agrupado en una corriente socialista de izquierdas que está en crecimiento en todo el país y que se llama el Frente Allendista.

En Chile hay una gran reserva revolucionaria no sólo en la base del PS, también en la base del PC y por supuesto en la CUT, como ha mostrado la reciente huelga general. La mayoría de los miles de activistas y dirigentes estudiantiles, obreros y populares que han organizado esta huelga general militan en estos partidos y/o les votan y aunque, desafortunadamente, en estos momentos sus direcciones tengan una política que no está a la altura de las necesidades que plantea la lucha, hay una situación muy favorable para que esta vanguardia pueda aglutinarse en cada una de estas organizaciones de masas y coordinarse para luchar por un programa unificado que recoja las demandas y reivindicaciones sociales concretas de todos los sectores y vincule estas a la lucha por sacar al gobierno derechista de Piñera del poder y la necesidad de expropiar a la burguesía y acometer la transformación socialista de la sociedad. Esos miles de activistas que están impulsando desde abajo la lucha  contra los ataques de la burguesía debemos agruparnos y construir corrientes marxistas revolucionarias en el seno de las organizaciones de masas de la clase obrera y particularmente en el PS y el PC para luchar porque ambas organizaciones se doten de un programa auténticamente socialista que permita derrotar a Piñera y abrir paso a la lucha por el socialismo.

Por una educación justa, gratuita y de calidad, algo imposible bajo el capitalismo.

Por vivienda, empleo, salud, alimentación y pensiones dignas para todos, algo que también resulta una utopía mientras los bancos y fábricas signa en manos capitalistas.

Por la nacionalización de los medios de producción (la tierra, los bancos y las grandes empresas) bajo control obrero y social de modo que permita planificar democráticamente la economía con vistas a satisfacer las necesidades sociales y hacer realidad todas las demandas del pueblo (educación gratuita, vivienda, salud, etc) y no en busca del máximo beneficio para los capitalistas.

Fecha: 
15 de septiembre de 2011