El país magrebí considerado más estable por los medios burgueses, y con el nivel de vida más alto, vive en revolución. En estos momentos el dictador, Zine el Abidine ben Alí, ha tenido que huir y el primer ministro, Mohamed Ghanuchi, ha tomado el control institucional. Desde el 19 de diciembre las manifestaciones ilegales, la rebelión, se extendieron de un extremo a otro del país. La rabia, la energía de lucha de las masas tunecinas, contenidas desde la revuelta del pan de 1984, vencieron al miedo. La participación es masiva en todos los sectores, estudiantes de bachillerato y universidad, trabajadores, capas medias. La criminal represión, causante de al menos 66 muertos, en vez de paralizar a la población, le ha soliviantado aún más. La huida de Ben Alí plantea a la revolución una nueva situación. ¿Conseguirá el régimen mantenerse tras haber sacrificado a su principal referente? ¿Cuáles son las tareas actuales del movimiento?
Fecha:
17 de enero de 2011